Nuestro Universo quizá sea finito, sí, pero…

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 Tuerca, Nuez, Universo

El 14 de Marzo murió Stephen Hawking. Ese día, curiosamente, también se conmemora el nacimiento de otro gran físico teórico: Albert Einstein.

¿Por qué un científico es tan conocido? En este caso, aunque su situación física y enfermedad produjeron un icono reconocible en todo el mundo, el motivo se extiende mucho más allá, y no sería justo recordar a Stephen exclusivamente por su enfermedad o apariciones televisivas.

Probemos a entrar en Google Académico (buscador académico riguroso y con filtros pseudocientíficos, para quien no lo conozca), y busquemos información sobre Hawking. Rápidamente encontraremos 36.900 resultados (55.800.000 en la versión menos refinada de Google), un número, al igual que él, gigante. Entre el aparente desorden de información resultante, emergen dos trabajos que brillan: Particle creation by black holes y The large scale structure of space-time (Creación de partículas en agujeros negros y estructura a gran escala del espacio-tiempo). Ambos trabajos han sido citados en más de 10.000 ocasiones en revistas especializadas o libros y, esas cifras, para quien no esté familiarizado con el trabajo de los científicos, son de una dimensión casi inalcanzable (el “simple” hecho de publicar, ya no es algo trivial teniendo en cuenta el rígido sistema de revisión de las principales revistas internacionales). Como físico teórico, ha sido uno de los más grandes del siglo XX, pero como divulgador científico, sin duda, ha sido el más grande (con permiso de Carl Sagan). Su obra publicada en 1988: Una breve historia del tiempo, ha vendido más de diez millones de ejemplares en todo el planeta (¡un libro sobre ciencia!), algo inaudito y difícilmente reproducible.

Como investigador y pensador, Hawking se ha enfrentado sin complejos a las preguntas que rozan las fronteras de la física, la religión y la filosofía (el punto triple de la ciencia): ¿Cómo empezó todo? ¿Hubo un inicio? ¿Habrá un final? ¿Es necesaria la hipótesis de un creador? En 1968 y 1979, junto a Roger Penrose, publicó trabajos que exponían que el espacio y el tiempo, la materia y la energía, tuvieron un inicio (Big Bang); el Universo parecía no ser infinito ni en el tiempo ni en el espacio, aunque quizá fuera ilimitado. También desarrolló la radiación que lleva su nombre, teorizando que los agujeros negros deben emitir partículas por un efecto cuántico. Según estas publicaciones, los agujeros negros no son negros después de todo. En las últimas décadas de su vida buscó la conocida como Teoría del Todo, el Santo Grial de la Física.

E=mc2 fue la única ecuación que el célebre científico incluyó en el libro antes mencionado, ya que alguien le dijo que por cada expresión matemática que incluyera, las ventas de una breve historia del tiempo se reducirían a la mitad. Como él mismo escribía en los agradecimientos de la obra, las ideas básicas sobre el origen y destino del Universo se pueden enunciar sin matemáticas. Gracias a ellas millones y millones de personas saben (sabemos) un poco más sobre las maravillas del Universo.

Hoy, los científicos de carrera, y los científicos de emoción, estamos un poco más huérfanos.

Stephen Hawking, como su Universo, era finito, sí, pero tampoco tenía límites.


Jose J. Arenas

Centro de Ciencia Principia 


Si desea ver y escuchar más sobre la obra y contribuciones científicas de Hawking, puede visionar la participación del autor de este artículo en el espacio Málaga, aquí y ahora, de Onda Azul, a partir del minuto dieciocho de la segunda sección.

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